Quiet an adventure

Regreso

Julio 14, 2008 · Dejar un comentario

Me propongo recuperar este blog moribundo antes de que acabe formando parte de ese gigante agujero negro de blogs abandonados que existe en el ciberespacio. Le he hecho la pedicura (sí, este es un blog escrito con los pies): ya no hablará de trabajo, eso lo dejo para otros que saben más que yo. Tampoco es que sepa mucho sobre los temas que trataré, pero como la mayoría serán paridas no creo que se note mucho.

He oído de todo acerca de por qué la gente normal creamos blogs. Es un tema interesante. “¿Crees que tienes algo que contar?”. Buena pregunta.

Los veinteañeros (se ve que se les llama generación millenium, según me contó alguien el otro día en un curso) son exhibicionistas por naturaleza, y no sienten ninguna necesidad de justificar esa actitud. Sus padres no han sufrido los rigores de la post-guerra y les han insuflado autoestima, descaro, exhuberancia vital y nulo sentimiento de culpabilidad. Ellos y su falta de pudor han sido claves para la eclosión de las herramientas 2.0: todos se han lanzado a tumba abierta a compartir su vida online, creando blogs, myspaces, facebooks y demás movidas, sin darle muchas vueltas a la pregunta que menciono anteriormente.

Los treintañeros somos ligeramente distintos. Se nos ha educado de forma más contenida y austera, a partir de un férreo respeto a nuestros progenitores y, en general, a la edad y la autoridad. Muchos van por el mundo pidiendo perdón por existir. De estos, la mayoría consideran que un blog es un ejercicio de exhibicionismo y autobombo totalmente innecesario e injustificable, a no ser que seas un líder de opinión o referente en algún campo de terminado.

Como buen treintañero, y a fin de no ser juzgado con excesiva dureza por los miembros de mi generación (y quizás también por mi mismo), ahí va mi justificación sincera para dejar claro que esto no es un inconcebible ataque de egolatría: a mi me seduce el formato.

Primero, porque tengo una letra espantosa y casi se me ha olvidado escribir a mano, así que prefiero utilizar el ordenador. Y un blog es mucho más ubicuo que el Word de tu sobremesa. Además, en teoría es invulnerable y permanente, con lo que debería sobrevivir durante el tiempo suficiente como para poder reírte de lo que escribías hace unos años. Y no me digáis que no queda bonito con estas plantillas que nos dan a elegir.

Tampoco nos olvidemos de una cosa: para un treintañero, poseer un rinconcito minúsculo de la www, sometido a sus delirios y arrebatos, es algo emocionante. Pensad que nosotros, en la adolescencia, quedábamos mediante llamadas al fijo, de esas que no ofrecían margen de error a la hora de marcar las coordenadas espacio-tiempo de la cita.

¿La desventaja? Cualquiera puede consultarlo, algo que me inquieta, pero que combato manteniéndolo en el anonimato más absoluto. 

Voy a tratar de darle continuidad.

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Londres de noche

Junio 25, 2008 · Dejar un comentario

Foto nocturna de Londres desde la Estación Espacial Internacional, tomada con cámara digital. El centro brilla intensamente. Hay dos manchas oscuras en el oeste (a la izquierda): Hyde Park y Regents Park. Más al oeste, fuera de la ciudad, se distinguen las luces del aeropuerto de Heathrow y al sur, las de Gatwick. Sobra comentar que adoro locamente a esta ciudad…

Londres de noche

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Nissan Patrol azul

Junio 16, 2008 · Dejar un comentario

Aparcado enfrente de mi casa de barrio residencial había siempre un Nissan Patrol azul. Cada día, dos hombres se subían a él exactamente a la misma hora, las 9:06. Permanecían allí sentados entre 8 y 10 minutos, conversando, comiendo, hablando por teléfono o simplemente en silencio. Sin gestos de cariño, sin tensiones de ningún tipo. Pasados esos minutos se iban, cada uno por su lado. Pensé que se trataba de policías que espiaban a algún vecino, lo que me hizo sospechar de varios de ellos que, aparentemente, llevaban una vida normal. Con el tiempo me di cuenta de que eso era imposible, ya que jamás fijaban la mirada en nada, ni permanecían atentos o expectantes a lo que sucedía a su alrededor.

Poco a poco, mi vida empezó a girar en torno a la visión diaria de esos dos hombres que acudían puntuales a su cita con el Nissan Patrol azul. Mi trabajo de dependiente en la tienda de ropa para señora de mi madre me permitía verles tranquilamente desde mi casa mientras desayunaba. Un día se les acercó un señor mayor, que habló con ellos afablemente. Luego se fue. Otro día, me dió la sensación de que me habían descubierto observándoles. No pareció importarles en absoluto.

Tras más de cinco años viendo a los dos individuos a diario, me di cuenta de que mi obsesión me llevó a enamorarme de uno de ellos. Fantaseaba con pasar un rato junto a él en ese Nissan Patrol, que se convirtió en el paraíso prohibido de mis fantasías. La situación se iba volviendo en desesperada. La falta de respuestas y la incapacidad por penetrar en el minúsculo espacio en el que la vida de mi amado tomaba forma a mis ojos me sumió en una profunda depresión que todavía me maniató más.

Estaba a punto de tomar aguna medida radical y desesperada: Salir y declararme, o quemar el coche con los dos hombres dentro, o mudarme. Un día, de repente, arrancaron el vehículo por primera vez en todo ese tiempo y desaparecieron calle abajo. El Nissan Patrol jamás volvió a estar aparcado frente a mi casa, y jamás volví a ver a los dos hombres hasta 11 años después, cuando me encontré al hombre del que seguía enamorado en el supermercado con una mujer y dos hijos adolescentes.

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Gran video del enorme Nick Cave

Junio 10, 2008 · 2 comentarios

“Do you love me”, canción del álbum Let Love In de 1994.

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Dios salve a los Clientele

Diciembre 8, 2007 · Dejar un comentario

Esta mañana repasaba mentalmente cuáles han podido ser los mejores discos de 2007. Todavía no tengo decidido el “top ten”, pero estoy convencido que en el podio estará el maravilloso “God save the clientele” de, como no, The Clientele. La banda, que ya apuntaba maneras en “The Violet Hour” y “Strange Geometry”, sus anteriores trabajos, acapara en los 14 temas de su último trabajo tal cantidad de belleza que si ésta fuera un bien escaso (como el agua o el petróleo), el próximo documental de Al Gore denunciaría su inminente extinción (y alertaría sobre los peligros de que The Clientele sigan sacando álbumes).

Un disco de POP PRECIOSISTA (no se me ocurre una etiqueta mejor) en mayúsculas, que transporta tema a tema a ese estado de ánimo de maravillosa tristeza ante la última noche del mejor verano de tu vida, aquel en el que te enamoraste por primera vez y no te correspondieron, pero te sentiste más vivo que nunca.  

Incluyo el vídeo de ”Bookshop Casanova”, tema que aunque no refleja a la perfección el espíritu del álbum (es sin duda el más “animado”), es igualmente excepcional y el único al que le han puesto imágenes…  

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